still from The Pervert's Guide To Ideology by Sophie Fiennes (Zeitgest Films, 2012)

Si gobernara el mundo: Slavoj Zizek.

Traducido por Manuel Vargas Ricalde

En la novela de suspenso Havana Bay de Martin Cruz Smith, un visitante Americano se ve involucrado en un complot en contra de Fidel Castro, para luego descubrir que el complot fue organizado por el mismo Castro. Castro está consciente del creciente descontento de su mandato dentro de su círculo cercano de funcionarios, por lo que cada par de años ordena a un agente secreto organizar un complot para derrocarlo, a medida de purga de funcionarios desleales. Justo cuando el complot va a llevarse a cabo, los desdichados participantes son arrestados y liquidados. Y eso sería lo primero que haría para asegurar mi reinado si gobernara el mundo—El mismo Dios lo hace en El Hombre Que Era Jueves de GK Chesterton, por lo que me encontraría en buena compañía.

Mi siguiente medida sería rebajar los estándares de vida de mis subyugues. ¿Por qué? Siguiendo la lección de la novela corta La Pirámide de Ismail Kadare, en la que el Faraón Egipcio Keops anuncia que no construirá una pirámide como sus predecesores. Alarmados por esta sugestión, sus consejeros remarcan que la construcción de pirámides es un acto crucial para mantener su autoridad, ya que es una manera de mantener a su gente pobre y distraída y por lo tanto obediente. Cheops reconoce esta verdad, y por lo tanto sus consejeros examinan diferentes opciones para contrarrestar la prosperidad de los ciudadanos: llevar a Egipto a la guerra contra sus vecinos, por ejemplo, o causar una catástrofe natural (como perturbar el cauce natural del río Nilo y por lo tanto parar la actividad agrícola). Por lo que regresan a la idea de construir una pirámide tan grande que su construcción movilizará los recursos del país y minará toda la energía de su población, manteniendo a todos al margen. El proyecto pone al país en estado de emergencia por dos décadas, con la policía secreta ocupada en descubrir sabotajes y organizando arrestos al estilo Estalinista, confesiones públicas y ejecuciones. Trataría de encontrar una misión más apropiada a nuestros tiempos, como invertir asombrosas sumas de dinero en misiones humanas a Marte y otros planetas.

Para financiar dichos proyectos públicos extravagantes, promulgaría leyes promoviendo fumar. Los fumadores en cadena mueren antes—sólo imagina lo que se ahorraría el estado si no tuviera que gastar en retiro y atención médica. Bajo mi mandato, al estilo Soviético, cada fumador que consuma por lo menos dos cajetillas al día pagará menos impuestos y recibirá una medalla especial por ser un Héroe Público de la Consolidación Financiera.

Aún más allá, para mantener la moralidad pública y reducir la depravación sexual, agregaría educación sexual obligatoria al currículum de las escuelas primarias. Estas lecciones adoptarán el enfoque señalado en la famosa escena de El Significado de la Vida de Monty Python, en la que el maestro educará a sus alumnos en cómo excitar a una mujer. Atrapados en su ignorancia, los avergonzados alumnos evitarán su mirada y titubearán en sus respuestas, mientras que el maestro los reprenderá por no practicar la materia en casa. Con ayuda de su esposa, demostrará la penetración del pene en la vagina. Uno de los estudiantes lanza una mirada furtiva a través de la ventana, y el maestro le pregunta sarcásticamente: “¿Serás tan amable de decirnos qué ocupa tu atención en los jardines?” Dicha educación sin duda alguna arruinaría el placer del sexo por generaciones.

Y por último, aunque no por ello menos importante, para asegurar que la gente se trate entre ella de forma educada y amable, pondría una ley que, antes de cada conversación, deba de haber un período ritualizado de insultos vulgares. ¿Por qué? ¿No es esto contrario al sentido común que nos dice que sólo explotamos en salvajes insultos cuando, en medio de una conversación cordial, nos enloquecemos de ira y no podemos esconder nuestra frustración? Pero aquí el sentido común se equivoca (como de costumbre). Tengo un ritual con algunos de mis viejos amigos: cuando nos reunimos, los primeros cinco minutos se los dedicamos a una sesión formal de rudos y vulgares insultos y a ofendernos mutuamente. Después de cansarnos, reconocemos con un breve gesto aprobatorio que este ritual en algún sentido aburrido e inevitable ha finalizado y, con gran satisfacción de haber hecho el deber de cada uno, nos relajamos y comenzamos a conversar de manera cordial, como las personas amables y consideradas que en verdad somos. Al imponer dicho ritual a todos garantizará la paz y respeto mutuo.

¿Piensas que estás son meras bromas extravagantes? Piénsalo de nuevo: ¿no vivimos ya en un mundo similar?

Publicado originalmente en Prospect Magazine ‘If I Ruled The World: Slavoj Zizek’. 23 de Enero del 2014
http://www.prospectmagazine.co.uk/magazine/if-i-ruled-the-world-slavoj-zizek/#.UupzNNJ5Ol6

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