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Karl Marx, parte 5: El Problema del Poder

Litografía del fin de la Comuna de París, 1871. Fotografía: Krause, Johansen/ Krause, Johansen/Archivo Iconografico, SA/Corbis

La comuna de París proveyó un modelo para la dictadura del proletariado — pero desató desacuerdos de cómo asegurar la revolución.

Autor: Peter Thompson
Traductor: Manuel Vargas Ricalde

Si hay algo que divide a las ovejas revisionistas de los becerros Leninistas es la cuestión del poder: ¿qué es, cómo se obtiene, cómo se defiende y cómo se mantiene? Si consideramos a Marx como el teórico de la revolución, entonces es Lenin quien buscó unir la teoría con la práctica. El debate de si existe alguna continuidad entre Marx, Lenin y Stalin, que nos lleva ineluctablemente hacia el otro y de ahí derecho a las celdas del Lubyanka, es algo que se ha prolongado desde la crítica lanzada por Rosa Luxemburg a Lenin y que, con probabilidad, continuará en los próximos siglos venideros.

Existen básicamente tres campos: primero, paradójicamente, una alianza de los obstinados Estalinistas y anti-comunistas que posicionan una conexión directa y lógica entre Marx y Stalin, para bien o mal; segundo, aquellos quienes ven una ruptura distintiva entre Lenin y Stalin (en su mayoría Trotskistas) y tercero; aquellos que ven una ruptura entre Marx y Lenin y quienes admiran a Lenin por sus habilidades analíticas pero que se oponen a sus medidas dictatoriales. Debemos llamar a este grupo los Bolchevistas platónicos quienes quisieran vivir en un mundo diferente, pero que no están seguros si es de su agrado las medidas necesarias para llegar ahí.

El surgimiento de la idea de la dictadura del proletariado viene del hecho que en la época histórica burguesa tuvo tanto una aceleración como una intelectualización. Marx señaló que en la transición entre las épocas previas, desde el ur-comunismo hasta el modo ancestral, desde ahí hasta convertirse en feudalismo y en el capitalismo burgués, hay una aceleración en el proceso de transformación como también una creciente consciencia política. Las épocas históricas tempranas son lentas, casi transiciones orgánicas que toman varios siglos. ¿Cuándo un sistema se sobrepone al siguiente y cómo sucede? Marx, y en particular Engels, desarrollaron la idea de la dialéctica cuantitativa a cualitativa, pequeños cambios incrementales en un sistema prevalente que en cierto punto representarían más de la suma de sus partes y contribuirían a una transición absoluta o a un brinco Hegeliano, como Lenin expuso, hacia algo nuevo.

En la Europa del Siglo 19 este fue así cada vez más el caso. Los trabajadores de la mayoría de los países industriales Europeos se agrupaban en sindicatos y en movimientos políticos y partidos que estaban determinados a mejorar su situación. La pregunta es ¿cómo esta creciente presión pudo ya sea ser combatida o acomodada? Bajo Bismarck, por ejemplo, se dejó en claro que el proletariado era una amenaza creciente y, después de haber prohibido el partido socialista, medidas sociales fueron impuestas para mediados de los 1880s para aminorar la situación de los trabajadores en un sistema que fue llamado una forma de "socialismo estatal".

Esto fue un reconocimiento que el proletariado era una amenaza política real y que, si no se tomaban las medidas pertinentes, Europa en su totalidad estaba en riesgo de seguir los pasos de la comuna de París en la primavera de 1871, un período en el que los trabajadores de aquella ciudad tomaron el poder inicialmente en defensa de la república en contra de la ofensiva Prusa y en un breve período de tiempo, fueron empujados por la reacción estatal y su colaboración con los atacantes Prusos para tomar el poder bajo sus propios intereses políticos. Es de esta experiencia y de su derrota que Marx desarrolló aún más allá la idea de la dictadura del proletariado.

Este término necesita una explicación propia. Primero, abstractamente, es una expresión del hecho que la clase trabajadora ahora representa una mayoría de la población pero que no tiene virtualmente ninguna representación y poder. La idea es que si los trabajadores tomaran el poder en contra de la dictadura de la burguesía, la dictadura del proletariado que surgiría sería, por definición, una democrática. Segundo, sin embargo, lo que la comuna también hizo fue establecer por primera vez un sistema democrático controlado fuertemente por el gobierno desde sus bases. Cualquier electo para un cargo de liderazgo era sujeto a ser destituido, los salarios tenían un tope y había una separación en su totalidad entre la iglesia y el estado, entre otras medidas. Pero la comuna fue derrocada por una combinación del gobierno Francés y la milicia Prusa y el baño de sangre que cobró la vida de entre 20,000 y 30,000 comunos que fueron sumariamente ejecutados por el gobierno.

La crítica de Marx de la comuna fue que no fue lo suficientemente fuerte para defenderse a sí misma en contra de la contra-revolución y luego Lenin mencionó que fue la falta de una voluntad de liderazgo unificado dispuesto a ir más allá de "medidas medias" que ocasionó su caída. Trotsky también vio la comuna como el mejor ejemplo de cómo cualquier revolución proletaria tiene que ser permanente, tiene que moverse rápidamente de las demandas democráticas limitadas a la expropiación de la propiedad y el establecimiento de estructuras socialistas, y que de este modo la comuna de París fue el modelo de la democracia Soviética de 1917. Ya sea que el desenlace al Estalinismo fue la consecuencia lógica de este concepto es algo que sin duda será debatido a posteridad.

Publicado originalmente el 2 de mayo del 2011 en theguardian.com

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