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Karl Marx, parte 4: Proletarios del mundo ¡unidos!

Autor: Peter Thompson
Traductor: Manuel Vargas Ricalde

Concluí la semana pasada con la gran línea del 18 Brumario "la gente hace su propia historia pero  bajo las condiciones de su propio hacer". Entonces ¿cuáles son las condiciones en las que trataba de hacer su propia historia?

Nació 19 años después de la revolución Francesa. Esto fue, por supuesto, el gran evento sísmico en el desarrollo de la modernidad y el consiguiente tsunami político forzó su paso por todo rincón de Europa. El manifiesto comunista hizo su aparición en 1848, el gran año siguiente de la revolución Europea. Esperó que las placas tectónicas en movimiento del cambio socioeconómico encendieran  la revolución Alemana, ayudara a los Cartistas en Inglaterra y trajera al creciente proletariado dentro del escenario político europeo. Este era el espectro comunista de Marx que acechaba a Europa, un espectro que haría temblar supuestamente al viejo orden.

El Manifiesto Comunista es probablemente el documento político de mayor circulación e influencia de los tiempos modernos, pero también es el más malentendido y malinterpretado. La sección de apertura con fanfarria comienza con una canción de alabanza a las tendencias modernizadoras del mandato capitalista burgués y es en el manifiesto que encontramos la idea de la globalización y la expansión de la modernidad capitalista alrededor del mundo, citas que cultivan admiración rencorosa hoy en día por la preciencia inclusive de Wall Street y la Ciudad. La destrucción que la sociedad capitalista moderna desata, en la que "todo lo que es sólido se disuelve en el aire", es para Marx una precondición para el desarrollo de las fuerzas productivas a un punto donde haya un adecuado generador de superávit para ser distribuido.

El capitalismo ha abierto al mundo para los negocios y comenzamos a ver ya en 1848 un reconocimiento del rol del imperialismo como medio del capital para expandirse a las Américas, China y el Este de India.

 "El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas.  Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza."

Esta es por lo menos un área donde Marx con seguridad sabía de lo que estaba hablando. En 1854, el Comodoro Matthew Perry zarpó hacia los puertos de Japón con amenaza de uso de fuerza militar si Japón no abría sus fronteras al libre mercado, y las actividades de la Compañía del  Este de India son muy conocidas. Las Guerras del Opio — un movimiento descarado por el estado Británico para el control del tráfico de drogas — ha, quizás, también dado la idea a Marx sobre la religión como el opio del pueblo.

Pero en términos políticos, el punto principal del manifiesto es que el capitalismo, aparte del proceso de acumulación primitiva de riqueza mediante saqueo y poder naval, también por necesidad crea un poder doméstico que es tanto la fuente de riqueza como también su mayor peligro; conocido como el proletariado. Esta clase es lo que Mary Shelley escribió cuando concibió al monstruo de Frankenstein; una gigantesca, poderosa bestia que es el producto inevitable de la industria, de la tecnología y de la modernidad pero que tiene el potencial de virarse y destruirlo todo una vez que se da cuenta del poder que posee y encuentra su voz.

El Primer Capítulo del manifiesto mantiene que en lugar de las "múltiples graduaciones" de la sociedad feudal, el capitalismo burgués ha simplificado los antagonismos de clase, reduciendo a la sociedad al nivel de competencia básica entre la clase burguesa — que es dueña de los medios de producción — y el creciente proletariado — que cuenta sólo con su labor para vender a manera de sobrevivir. El cierre de las tierras, la urbanización de los trabajadores rurales y la creación de industria pesada fueron todos absolutamente necesarios para la expansión del capital y más aún el mismo proceso fue necesario para crear las asociaciones de trabajadores quienes combinaros sus esfuerzos para defender sus derechos.

Para Marx, esto no fue sólo una competencia política sino un antagonismo estructural inmanente que "inevitablemente llevaría a la victoria del proletariado" sobre la burguesía que, al desarrollar las fuerzas productivas, también ha creado a sus "sepulteros". En el segundo capítulo el manifiesto despliega los "atajos despóticos del derecho de propiedad" que necesitan ser creados por el proletariado una vez que toman control y de hecho muchos señalan al nacimiento del Gulag precisamente a esta frase pero trataré con este tema la próxima semana cuando observemos los escritos de Marx sobre la Comuna de París y la "Dictadura del Proletariado".

Es quizás muy pronto para decir si las predicciones de Marx del inevitable destrono de la burguesía es correcto, pero el poder conjunto de los trabajadores para ganar concesiones del estado mediante reformas sociales fue algo que Marx pasó por alto en el manifiesto. Para pagar su deuda, no parecía posible nada de esto en 1848 y tanto él como Engels comenzaron a hablar sobre un camino no-revolucionario al socialismo para 1880, pero a estas alturas el grito era simplemente: "Proletarier aller Länder, vereinigt euch!" Proletarios del mundo, ¡unidos!

Publicado originalmente el 25 de Abril del 2011 en theguardian.com

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