Karl Marx, parte 3: Los hombres construyen su propia historia.

Para Marx, no hay leyes grabadas en piedra, la historia está formada por la relación entre las fuerzas materiales y las relaciones sociales de producción.

Autor: Peter Thompson
Traductor: Manuel Vargas Ricalde

Una de las objeciones comunes que han surgido en respuesta a estos ensayos es que el Marxismo en sí no es más que una forma secularizada de una creencia religiosa dogmática. Se ha argumentado que su uso en un enfoque dialéctico Hegeliano conlleva en su marcha un determinismo esencial y que las categorías que desarrolló como formas para entender la historia son de hecho prescriptivas, ya que presentan la historia como un grupo de períodos simplemente en los que el comunismo se alcanzará automáticamente. Esta es una objeción individualista liberal tradicional a Marx y se encuentra expresada más coherentemente en los escritos de Karl Popper sobre el totalitarismo y la falsabilidad científica. Para Popper el Marxismo no es más que una teleología Hegeliana con vestimentas cuasi-religiosas, en la que la historia se ve meramente como un medio para alcanzar un punto final pre-existente.

Esta visión se encuentra vinculada por lo tanto a la segunda objeción más común hecha a Marx y al Marxismo; que la creencia en y el proceso de alcanzar este punto final teleológico dirige directamente al gulag, al Gran Salto Adelante, al Muro de Berlín y las cámaras de tortura de Pol Pot. Marx, en su lectura, es directamente responsable por las millones de muertes y se convierte en uno de los mayores, si no el mayor, asesino en serie de la historia. No es de mucha ayuda el contra-argumentar que todas las formas previas y contemporáneas de organización social también han causado y continúan causando la muerte de millones a través de la tortura, sabotaje, guerra civil, imperialismo colonial, la acumulación de la riqueza de otras personas, genocidio, pogromos, inquisiciones, fascismo, etc. Marx tiene la desventaja que su nombre puede ser adjuntado a un número, ya sea de millones que han sufrido y perecido a lo largo de la historia para desembocar al punto que ahora se nos representa como un tipo de "mediador desaparecido".

El punto, sin embargo, es que la descripción de Popper del Marxismo como un historicismo teleológico — como fue descrito por Popper — en el Marxismo no sólo tergiversa a Marx, sino que también la dialéctica Hegeliana en la que basa su filosofía. Aún y cuando tomamos el famoso prefacio de Una Contribución a la Crítica de la Economía Política de 1859, frecuentemente vista como uno de sus textos más deterministas, podemos ver que para Marx el desarrollo de la historia emerge de la relación entre las fuerzas materiales de producción (cómo se producen las cosas) y las relaciones sociales de producción (cómo la sociedad está organizada alrededor de la producción de aquellas cosas) y no de una forma pre-ordenada.

El sentido del desarrollo de la historia de la sociedad de Marx más que creer en la automatización se basa de hecho sobre un análisis de auto-generación y contradicciones contingentes dentro de la sociedad. No hay "leyes escritas en piedra de la historia" aplicables a todas las formas de sociedad humana, y aquel operador invariante que hay, la lucha de clases, es en sí mismo presentado como algo que toma diferentes formas y caminos en diferentes puntos de la historia.

Para que la sociedad haya llegado al punto en que se encuentra, todo lo acontecido de antemano tuvo que haber sido por supuesto necesario, pero no fue necesariamente de alguna manera metafísica. Buscando patrones en la manera en que la sociedad humana ha desarrollado no quiso decir posicionar que aquellos patrones fueron algo más que una expresión de un proceso auto-generador concreto en el que el nuevo período sería el producto de una acción política subjetiva como también de las circunstancias materiales objetivas.

Como señaló Antonio Gramsci, si Marx pensó que todo surgiría automáticamente, entonces no hubo necesidad para sus 11 Tesis sobre Feuerbach, que declararon que era más importante el cambiar al mundo que interpretarlo.
De igual manera para Hegel, "werden", o el convertirse, fue la clave para entender cómo el "espíritu absoluto" no sólo se expresaba a sí mismo, si no más importante aún, se generaba a sí mismo mediante el proceso de la historia. La palabra Alemana para el despliegue — entfaltung — también significa desarrollo, y el proceso de creación emergente, o autopoiesis, también fue el proceso mediante el cual el espíritu absoluto de Hegel no sólo se encuentra en marcha en el mundo sino se crea a sí mismo al mismo tiempo.

Ernst Bloch, quizás el más Hegeliano de los Marxistas, mantuvo que esto quiere decir que tanto Hegel y Marx estaban hablando sobre trascendencia (en el sentido de trascender aquello que existe) sin lo trascendente (en el sentido del ámbito trascendente — religioso o social — hacia lo que todas las cosas se mueven). La dialéctica en Marx y Hegel por lo tanto pueden ser categorizadas como la relación entre autonomía y dependencia, entre voluntarismo y determinismo y entre lo que es posible (kata to dynaton de Aristóteles) y lo que pudiese ser posible (dynámei on). Como Marx lo expuso sucintamente en su 18 Brumario de Louis Bonaparte de 1852: "Los hombres construyen su propia historia, pero no lo realizan como les place; no lo realizan mediante circunstancias auto-seleccionadas, sino bajo circunstancias que ya existen, dadas y transmitidas del pasado.

Publicado originalmente el 18 de Abril del 2011 en theguardian.com

<-