Karl Marx, parte 2: Cómo el Marxismo llegó a dominar el pensamiento socialista.

Autor Peter Thompson
Traducido por Manuel Vargas Ricalde

La pregunta de esta semana es cómo el Marxismo llegó a convertirse en el aparato teórico dominante del pensamiento socialista a partir de finales del siglo 19 en adelante. Es un hecho que, aún y cuando se le pronuncie constantemente como muerto, sigue consiguiendo mantenerse en el debate político, teórico y académico en casi todo el mundo. Se podría argumentar que, así como el mismo Marx pronunció que todo criticismo comienza con la crítica de la religión, todo criticismo hoy en día tiene que comenzar con una crítica a Marx.

Tan arrogante y dogmático como a veces resuena en nuestros oídos hoy en día, la propuesta única de venta de Marx fue que su enfoque para entender la historia, como la de Engels, es lo primero en que se debe de basar un análisis científico socioeconómico verdadero. Aprobando a Darwin, Marx y Engels contendieron que su análisis de la historia se asemejaba a la teoría de la evolución basada en la evidencia concreta de los hechos materiales. Argumentaron que las teorías de sus rivales, los comunistas y anarquistas utópicos, como también los Hegelianos y los liberales, estaban basados en abstracciones morales idealistas que trataban sobre las nociones de libertad, justicia, legitimidad e igualdad en lo que llamaron la superestructura política de la sociedad, mientras que la de ellos estaba basada sobre un entendimiento objetivo y científico de lo real, pero empujados por extensas fuerzas invisibles en la base socioeconómica.

Marx y Engels vieron el cambio y la revolución como una necesidad histórica que emerge de la realidad material contingente empujada por fuerzas socioeconómicas. Vieron su objetivo como el de desenmascarar aquellas fuerzas, subyugarlas a una crítica radical y proponer una salida posible. Todo lo demás, pensaron, es esencialmente continuar con la tradición idealista, que vio la fuerza motivadora detrás de la historia como el despliegue abstracto de la libertad humana como una idea, voluntad o imaginación.

Para Hegel la historia fue el Espíritu Absoluto moviéndose hacia la auto-conciencia absoluta mediante un proceso que se movía desde donde las cosas son, vía el surgimiento de conflicto y tensiones, a un nuevo, "más elevado" nivel. Este proceso de negación y la negación de la negación produjo nuevos resultados y nuevas formas de organización social que sólo llegarían a completarse cuando la liberación final de la humanidad fuera alcanzada.

En Hegel esto fue la completa realización de la conciencia Absoluta del Espíritu/Idea. En Marx sólo podía ser alcanzada con el "desprendimiento" de todo antagonismo social asociado con la sociedad de clases. El nivel más elevado sería el de la "naturalización del hombre y la humanización de la naturaleza" que tomaría lugar en una futura sociedad comunista. Sin embargo, Marx nunca proveyó los planos para dicha sociedad del futuro, y es poco probable que haya apoyado a un régimen que hubiera surgido en base a sus ideas — muchos Marxistas no lo fueron. Así como mencionó alguna vez mientras leía algunas interpretaciones Francesas particularmente reduccionistas de sus propias teorías económicas: "Todo lo que sé es que no soy un Marxista."

De Hegel, Marx tomó no sólo el método dialéctico, que declaraba que la historia se movía de cierta manera debido a sus antagonismos inherentes, sino también tomó el patrón y la cronología de la historia. Tanto Hegel como Marx mantuvieron que la historia humana comienza con el cazador-recolector, controlado a través de un modo "Asiático" y subyugado por la esclavitud, del cual emerge el feudalismo, que a su vez produce el capitalismo.

En algunas lecturas de Hegel la historia termina ahí, en la post-reforma "Germánica" del mundo, ya sea que para Marx este final feliz sólo fue el fin de la pre-historia humana, o como Churchill señaló, el final del principio. Fue sólo después que el capitalismo hubo trascendido, de maneras aún imposibles de concebir, que la verdadera historia pudo comenzar y el socialismo pudo surgir como un período transitorio en camino a despertar el horizonte comunista.

Para Marx la fuerza motivadora detrás de la historia fue la lucha por el control de los recursos materiales. Es el surgimiento de propiedad del superávit basada en clases y los medios para producirlo que agitó a la historia y le permitió convertirse en un sistema auto-generador de movimiento. Muy pronto las ideologías comenzaron a emerger en cada época que posicionó que aquellos quienes poseían el superávit fueron especialmente seleccionados, de alguna manera naturalmente privilegiados a aquel superávit y eran por lo tanto privilegiados a seguir poseyéndolo. A partir de este momento, en Hegel, el concepto de la dialéctica del amo y el esclavo (Herrschaft und Knechtschaft) surge como idea palpable en la realidad a través de una constante lucha por reconocimiento o thymos. Para Marx, por otro lado, esta dialéctica del amo y el esclavo fue simplemente una manera de describir el conflicto de clase — una lucha básica para el control de los medios de producción.

Cualquier orden existente puede continuar por cualquier plazo de tiempo determinado, dice, pero mientras existan antagonismos sociales, no podrá durar por siempre. En algún punto tanto los medios materiales de acumulación de superávit y la justificación ideológica que se adhieren a ello comienzan a derrumbarse y nos movemos hacia un período de cambio radical en el que el mundo se torna boca abajo y la vieja clase subalterna se convierte en el nuevo gobernante.

Este es un proceso constante y universal pero la revolución sólo puede llegar al frente, independientemente de su éxito, cuando tanto las condiciones materiales como las condiciones políticas subjetivas se prestan para ello. Esto, por lo tanto, fue como Marx vio su teoría de la historia como científica, empujada como fuese por las condiciones materiales y políticas de producción y no por el desarrollo de ideas abstractas y espíritus. La próxima semana me enfocaré tanto sobre las objeciones tradicionales como de los reclamos de rigor científico expresados por Karl Popper, como también de la crítica que el Marxismo es simplemente una teleología cuasi-religiosa.

Texto original publicado el 11 de Abril del 2011 en theguardian.com
<-