<

COOL DOWN!

Las primitas del idiota mastican el mismo chicle, los rostros muy próximos, el chicle un fino hilo que une salivoso sus bocas adolescentes, y el idiota se acuesta debajo del chicle, mirando desde abajo los pechos puntiagudos, y estira sus manos con pereza hacia las tiernas vellosidades pero no las alcanza, y de los cuerpos emana una radiación de calor perfumado, y allá arriba las bocas se aproximan tratando de conseguir la mayor parte del chicle, las bocas se juntan, cae saliva, secreciones salobres resbalan por las piernas adolescentes hacia la boca del idiota, se mezclan sus babas.

Nadie caza conejos. Caza de conejos. Mario Levrero. 1973

En la expedición a cazar conejos dirigida por “el idiota” en los microcuentos de Mario Levrero, por el intercambio de mutuas influencias, con el paso de los años los guardabosques se fueron transformando en conejos, los conejos en termitas, las termitas en zanahorias, las zanahorias en cazadores, los cazadores en guardabosques. Así, en el ecosistema ficticio del escritor, el equilibrio ecológico fue cuidadosamente respetado.

La crisis ecológica remite a una crisis más general de lo social, lo político y lo existencial. En el antropoceno, así como ha decidido llamar el químico holandés Paul Crutzen a la época geológica en la cual vivimos, la actividad humana ha cambiado irreversiblemente la composición de la atmósfera, de la tierra y de los océanos. Podríamos pensar que la humanidad ha rebasado su potencial geológico. En consecuencia, la perspectiva gira de los humanos como centro del mundo, hacia el mundo de las fuerzas que actúan en escalas de tiempo más allá de lo imaginable. Estas ideas nos retan a repensar nuestros lazos con el mundo, y nuestros conceptos de naturaleza, cultura y ecología.

Es así que la ecología es un tema ideológico crucial de nuestros tiempos. Ya en 1972, Gregory Bateson había escrito en Pasos hacia una ecología de la mente lo siguiente: “Así como existe una ecología de las malas hierbas, existe una ecología de las malas ideas”. Esto es, que lo ecológico, la sustentabilidad, lo ambiental, son palabras de legitimación de prácticas articuladas a dinámicas globalizadas de la economía que son insustentables y antiecológicas. Somos ruines, en verdad terribles. Como ha escrito El comité invisible, somos de un alma harapienta por nuestra impotencia para el habitar. Somos existencialistas superequipados en medio de un montón de chatarra tecnológica y baratijas efímeras. Nuestras interioridades están desgastadas y sigue la euforia de lo sensual de la máquina deseante.

Un ejemplo de estas prácticas es la arquitectura, que en sus mejores términos, provee de un ambiente construido, pero que contribuye en la medida de lo posible a la destrucción ecológica. Siempre que construyes algo, matas algo. Por otra parte, produce experiencias espaciales y estéticas que permiten nuevas formas de subjetividad y que surjan nuevas formas de compromiso social. La arquitectura es capaz de no sólo desarrollar nuevas formas de diseño inteligente, pero también nuevos materiales que son amables hacia el hábitat del que fueron tomados, así como al hábitat al que luego contribuyen. Esta es una arquitectura en la que los humanos, diseñadores y constructores, así como los habitantes, vienen a reconocer la deuda que tienen con las fuerzas naturales que hacen sus esfuerzos posibles. Esta arquitectura no es sólo posible sino real, incluso si se tiende a desafiar las condiciones usuales bajo las que la arquitectura es comisionada y construida. Pero ¿cuáles son los costos de estas nuevas formas de diseño “amable” con el hábitat original? ¿Quiénes tienen acceso a este tipo de proyectos? ¿Para qué?

Decir que el agenciamiento humano se ha convertido en la principal fuerza que moldea el rostro de la tierra es inmediatamente hacer una pregunta por la responsabilidad o como Donna Haraway lo enuncia, como la “respons- habilidad”. El agente humano ha crecido a dimensiones de fenómeno natural pero no por ello se ha vuelto más natural, tiene una historia, muy corta en relación a los periodos geológicos, depende de la economía moral. La arquitectura es parte de la formación de poder ecológico y de la nueva industria ecológica que se abre espacio entre los otros mercados capitalistas. Los países que no logran insertarse en ese mercado están condenados a vegetar económicamente y a mendigar la ayuda internacional. Un país como México, en cuyo seno persiste la resistencia de los oprimidos, se encuentra desestabilizado en su relación con la economía mundial a causa de la hiperinflación. El problema que planteamos con el cambio climático no es el de saber que las palmeras tienen que estar separadas entre sí tres metros para estructurar los camellones de la ciudad, o que los manglares de Tajamar han dejado de ser ecosistemas autosuficientes debido a la construcción de un proyecto inmobiliario. El problema es que estamos condenados a muerte o por lo menos a diez años de cárcel por tener organizaciones criminales, autodefensas y guardaespaldas porque el tráfico ilegal de drogas y los sembradíos de mariguana son una parte significativa de nuestro movimiento económico. Entonces ponemos más atención a los medios de comunicación y nos casamos con la idea del narco porque no queda de otra en un estado de violencia; porque aquí no se vive, se sobrevive y dejamos del lado el tema por la responsabilidad, donde el sujeto es un objeto también. Los objetos tienen átomos, tienen accidentes, inconsistencias, los objetos son procesos, son dinamismos, unicidades y viralidades.

La premisa implícita (u obscenamente explicita) de la ecología, es que el mundo existente es un mundo equilibrado, perturbado por la arrogancia humana. En el documental Examined Life: Philosophy in the streets (2008) Slavoj Zizek comenta que esta noción de la naturaleza como un organismo armonioso, orgánico, equilibrado, que es alterado por la arrogancia humana y la explotación tecnológica, es una versión secular de la historia religiosa de la Caída. La naturaleza no es una totalidad equilibrada, que luego los humanos perturbamos. La naturaleza es una serie de catástrofes de las cuales nos beneficiamos. En un tono sarcástico y nihilista, Zizek nos invita a abrazar la aceleración de la historia que nos arrastra hacia el abismo, a alienarnos aún más de nuestra naturaleza y volvernos más artificiales para poder desarrollar en algún momento un materialismo más terrorífico y abstracto, únicamente matemático. Intentemos encontrar la belleza y la poesía en nuestra actual dimensión, intentemos ver la perfección en la imperfección.

Esta problemática puede verse expresada en la obra plástica mexicana a través de la versatilidad de procedimientos y de selección de materiales. El fino hilo salivoso que las conecta es la experimentación entre lo pictórico, lo gráfico, los oficios y lo virtual. En esta intersticialidad, ni tecnicida, ni tecnófoba, el elemento humano es poco visible, pues está presente más bien como fuerza invisible en una relación entre lo que Timothy Morton ha decidido llamar hiperobjetos, los cuales trascienden una especificidad espaciotemporal. Estos hiperobjetos son el calentamiento global, la radioactividad, los polímeros, por poner ejemplos, y se caracterizan por ser viscosos, no-locales, interobjetivos, fusionados y progresivos, esto es que se pueden observar en diferentes dimensiones. Las obras aquí presentes son metáforas de dicha hiperobjetualidad, pero también se conjuntan como una máquina ecosófica (Guattari, 1992) mutante, que busca resingularizar el entorno actual de enunciación. Escuchas con atención y algo te recuerda a Cenobita, Expotechno o Década 2, es una melancolía por el rave y el cyberpunk de los noventas en los que el ritual de reunirse alrededor de la pirámide se recontextualiza con la lluvia ácida y las aguas verdes del Lago de Chapultepec. La música te escucha, la pintura te ve, somos un transfer interobjetivo de seducciones magnéticas.

Han existido muchas especies y ecosistemas que hoy no existen que el hombre no destruyó. Tal vez nuestra contaminación y gastos energéticos hagan que surjan criaturas que se puedan adaptar a condiciones hostiles y colonizar otros lugares del universo. Te invitamos a ti lector hipertextual de origen desconocido a relajarte (cool down) a frenar un poco el aceleramiento y a empoderarte de las ideas para ser una agente activo, ser flujo semiótico y energético, a ser un territorio existencial finito pero de universos virtuales, a masticar el mismo chicle, a veces natural, a veces artificial, de esta confusa mecanósfera.

Mireille Torres. Marzo del 2016.


Share
Tweet